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El alumno cliente, una cuestión de enfoque

Jorge Pereiro Fecha: 16/02/05 (11152 Lecturas)
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La irrupción de los sistemas de calidad en la actividad educativa ha dado como resultado no pocos análisis que sitúan al alumno en la posición de cliente, y si nos atenemos a la definición de cliente, de dichos análisis debemos situar necesariamente al alumno como perceptor de un producto que debe satisfacer sus requisitos. En este artículo se hace una crítica de este enfoque, realizando en primer lugar un análisis técnico del proceso formativo y posteriormente una propuesta de ajuste sobre el enfoque inicial.


Técnicamente podemos expresar el proceso formativo mediante el siguiente esquema:

[img]http://www.portalcalidad.com/modules/news/images/pformativo.png[/img]

La eficacia del proceso será tanto mayor cuanto mayor sea el aprendizaje “Y” alcanzado por los alumnos.

En el esquema planteado vemos que el producto de la formación son los alumnos con unos conocimientos“X+Y” sobre el tema H. Ahora bien, ¿es el alumno el principal beneficiario de dicha formación?, ¿quién es el cliente en este proceso?. Ambas cuestiones son preguntas análogas, pero la primera abre las puertas a la ampliación del concepto de cliente.

Para responder a la cuestión planteada podríamos distinguir entre la formación necesaria para hacer personas útiles para la sociedad y aquella que es libremente adoptada por una persona para adquirir mayores competencias intelectuales o lúdicas. El segundo caso se antoja más clientelar, aunque igualmente incluido en el primero (por lo menos si consideramos las competencias intelectuales), es decir, la sociedad siempre sale beneficiada de la mejora de competencia de las personas que la componen.

¿Qué capacidad tiene un niño / chico para decidir qué debe aprender?. Si el alumno es el cliente, entonces lo que se debe buscar es la satisfacción del alumno, o lo que es lo mismo, más patio, más juegos, menos obligaciones… La formación está inscrita en la educación.

Si la sociedad es el cliente, los objetivos de la sociedad deberían ser el fundamento básico de los programas formativos. Y ser posteriormente los métodos pedagógicos los encargados de conseguir los objetivos planteados.

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