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Formación a la carta (2ª Parte). Los objetivos

Belarmino Fecha: 20/06/11 (5438 Lecturas)
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Decíamos que para la implantación de un Sistema de Formación a la Carta, herramienta indispensable en el desarrollo económico y humano de cualquier sociedad, la primera condición que debía darse era la de una firme voluntad política de llevarla a cabo tomada unánimemente por parte de las Administraciones y de los Agentes Sociales, y mantenida a lo largo de varias legislaturas, incluso de manera indefinida. No es este un proyecto a cuatro años vista.

La segunda condición era la definición del MODELO de lo que se pretende hacer, es decir, la descripción detallada del plan a realizar. Y aquí debería abrirse un debate a todos los que tengan algo que aportar, y que presumo sería del mayor interés. Este es el plan que los gestores y técnicos han de ofrecer a los políticos, que deberá ser al mismo tiempo concreto y completo, ambicioso y realista. Como decía Marañón “la eficacia de una acción está en relación inversa a la idealización de su fin” (ARIEL). Lo que pretendo con este artículo y con los que siguen es anticiparme a ese debate proponiendo mi opinión respecto a este “modelo”.

Como en cualquier sistema, las partes forman parte y adquieren su sentido en un todo, y a su vez el sistema necesita de todas sus partes para funcionar. En esta presentación se irán describiendo  sucesivamente, como no puede ser de otro modo, las partes esenciales hasta la configuración de un modelo completo, pero no todo de todas las partes para no perdernos por las ramas.

Bien, pues en este MODELO hay que comenzar por definir:
-    Los objetivos
-    La terminología básica
-    Los principios
-    Las tecnologías
-    Y la metodología.

Los objetivos son básicamente uno, el principal, y varios secundarios, no porque sean menos importantes, sino porque vienen a continuación y como consecuencia del primero. Imaginemos dos paralelogramos del mismo tamaño, uno representa la maquinaria de producción de las empresas, todos los puestos de trabajo de un país, y en  el otro tenemos a toda la población activa, parada y ocupada. El objetivo sería que ambos paralelogramos fuesen paralelos, que hubiese entre ambos una correspondencia perfecta, que cada puesto de trabajo estuviese ocupado por una persona idónea, y a su vez que ningún trabajador careciese de la ocupación adecuada a sus competencias. La realidad ya sabemos que no es así, que existen muchos puestos de trabajo vacantes porque no hay o no se encuentra el trabajador adecuado. Y por la otra parte, también ocurre que muchas personas están en paro o porque no tienen la formación que se les pide o porque no encuentran el trabajo adecuado a su preparación.

Pero esa imagen puede servirnos para fijar el objetivo de lo que debe ser una Formación a la Carta. Por supuesto que el ajuste entre las ocupaciones de un sistema de producción y de quienes las ocupan es algo que depende de múltiples factores, y la formación no es más que uno más entre ellos. Y a su vez, dentro de la formación en general, a la Formación a la Carta u Ocupacional, le compete resolver aquellos ajustes a los que no llegan otras formaciones académicas y regladas. A la vista está que son muchos.

Ese es su objetivo principal, garantizar para todo el mundo, empresas y trabajadores, que se cubren los deficits de formación remanentes, y  alcanzar un encaje perfecto entre ambos bloques. Esta es la razón de ser de la Formación a la Carta, adaptarse a todas las necesidades de las empresas y a todas las particularidades de los individuos que necesitan una formación para mantener o alcanzar un empleo.

Los objetivos secundarios vendrían por añadidura. Por una parte las empresas ganarán en productividad y competitividad, y por otra las personas tendrán una herramienta para su desarrollo profesional y también en gran parte personal.

¿Y cuales serían los contenidos didácticos de la Formación a la Carta o  Ocupacional?: se encuentra en ambos paralelogramos. Si analizamos un poco más en detalle el de la maquinaria productiva veremos que en el mismo están todas las actividades económicas, desde el sector agrario al de servicios, desde el cultivo del pepino hasta la aceleración de partículas. En definitiva los objetivos formativos en principio pueden tocar a todas las ocupaciones de un sistema económico dado, las cuales son muy variables de unas economías a otras. Así mientras en España tenemos 2.180 según la reciente Clasificación de Ocupaciones (C.N.O.-11) del Instituto Nacional de Estadística, en Estados Unidos pasan de 20.000 las que se recogen en el Diccionario de Títulos Ocupacionales (DOT).  Ello da una idea de la potencial diversidad de la oferta formativa.

Y si nos fijamos en el otro paralelogramo, en el de la población activa, tenemos que en nuestro país la componen más de 23 millones de trabajadores, de los cuales 18,151,700 están ocupados y 4,910,200 desempleados, según la encuesta del INE del primer trimestre de este año (2011). Todas estas personas deben tener en principio el derecho a una Formación a la Carta que mejore sus condiciones profesionales y personales, y que esté adaptada a su nivel educativo, de edad, o de cualquier otra condición.   

Señalar por último que estamos ante una realidad económica dinámica, y por tanto debe existir anticipación y previsión de los problemas, y a su vez la implantación de un sistema de formación como el que propugnamos que provea respuestas eficaces a dichos problemas, generará un mayor dinamismo y enriquecimiento de la actividad económica.

En resumen, el objetivo de un Sistema de Formación a la Carta es tener la capacidad de satisfacer las necesidades de conocimientos y destrezas de todas las ocupaciones de una determinada economía, y paralelamente las de todos los trabajadores que formen parte de esa misma economía.

¿Es esto posible?, ¿le corresponde una parte esencial a la Formación Ocupacional?,
Pero ¿qué es la Formación Ocupacional?, ¿es realmente distinta de la Formación Profesional Reglada que se gestiona desde el Ministerio y Consejerías de Educación?. Personalmente opino que sí, que son diametralmente distintas. Lo veremos en el próximo artículo.


BELARMINO VIGARA DÍAZ
Palma de Mallorca, 18 de junio de 2011


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